domingo, 14 de marzo de 2021

Salomé



(Siglo I) Princesa idumea. Según se relata en el Nuevo Testamento (en el Evangelio de San Mateo, 14,6-12, y en el de San Marcos, 6,21-28), fue hija de Herodías, la mujer de Herodes Filipo, que se casó de manera escandalosa con el hermanastro de éste, Herodes Antipas. Esto suscitó la guerra con los nabateos, ya que Herodes Antipas había repudiado antes a otra mujer, hija del rey nabateo Aretas IV.

La actitud de Herodes Antipas y Herodías fue muy criticada por el pueblo, ya que se consideró pecaminosa. Uno de los que más sobresalieron en su denuncia fue San Juan Bautista, el apóstol que predicaba el arrepentimiento, que se atrevió a censurar públicamente el matrimonio de Herodes con Herodías. 

Ello exasperó tanto a Herodías que pidió la ejecución del predicador. Desafiando a la opinión pública, Herodes puso a Juan Bautista en prisión, aunque no se atrevió a ejecutarlo por miedo a provocar la ira popular. San Marcos añade además que Herodes no deseaba ejecutar a Juan Bautista y que incluso le profesaba cierto respeto y simpatía.

Según la tradición, algún tiempo después Herodes celebró su cumpleaños ofreciendo un banquete a sus cortesanos, y para agasajarlos pidió a Salomé que bailase para ellos. La muchacha consiguió que los invitados quedaran extasiados, y Herodes quiso recompensarla prometiendo delante de todos los asistentes que accedería a cualquier deseo que le pidiera, incluso entregarle la mitad de sus dominios. Salomé lo consultó con su madre, y Herodías respondió: "Pide la cabeza de Juan Bautista". 

Inmediatamente compareció delante de Herodes y de sus invitados y dijo: "Quiero la cabeza de Juan Bautista en una bandeja". Herodes Antipas se quedó horrorizado y afligido ante esta petición, pero sabía que estaba obligado a cumplir su promesa. Envió un soldado a la prisión, que regresó trayendo la cabeza de Juan Bautista en una bandeja. Se la entregó a Salomé y ésta a su madre.

Los artistas de todos los tiempos se han inspirado con frecuencia en esta macabra historia, destacando principalmente el trasfondo psicológico que se revela a través de sus protagonistas, unidos por una relación de consanguinidad que se remontaba a varias generaciones, con los componentes de odio, desesperación y apasionamiento, y la sensualidad que emana de la danza de la muchacha. 

El tema de Salomé fue recogido por numerosos pintores; lo encontramos también en el drama homónimo de Oscar Wilde, escrito en la época del más genuino decadentismo (en las últimas décadas del siglo XIX), que dio lugar a su vez, en 1905, a la famosa ópera de Richard Strauss, una de las obras más importantes de su producción.



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