domingo, 2 de mayo de 2021

Zombies, algo más que un mito




Una de las figuras más asentadas en el imaginario popular y sobre todo gracias al cine es la del «zombie«, un ser humano que regresa de la tumba privado de su identidad y voluntad, generalmente para comerse a todo el que se ponga por delante. 

Según la tradición vudú, un hechicero (bokor) puede oficiar un ritual mediante el cual devuelve la vida a un difunto, pero no lo resucita como favor sino todo lo contrario, el difunto vuelve a la vida como un esclavo del bokor, quedando sometido a su voluntad. Los haitianos se toman muy en serio estas historias y para evitar que sus familiares y seres queridos sean convertidos en zombis. 

Aquellos que pueden permitírselo pagan tumbas más seguras, mientras que los menos pudientes recurren a métodos como decapitar a los difuntos o inyectarles grandes cantidades de agua salada. Curiosamente, la cremación es descartada por motivos religiosos.

El primer caso documentado es el de Felicia Félix-Mentor, una mujer fallecida a la que se dio sepultura en 1907 y a la que muchos aseguraron haber visto con vida tres décadas después, con la misma mirada perdida de los que han sido convertidos en zombies. 

Una norteamericana llamada Zora Neale Hurston investigó esta historia en 1937 desplazándose hasta Haití, y descubriendo entre rumores que este proceso se llevaba a cabo mediante algún tipo de drogas o sustancias, aunque sus investigaciones no llegaron más allá.

Tendrían que pasar 45 años hasta que estos rumores se confirmaron gracias al trabajo de un etnobotánico llamado Wade Davis, autor de dos libros sobre el tema y descubriendo que el proceso de «zombificación» se realizaba en dos etapas, usando una determinada combinación de sustancias para cada etapa. La primera sustancia es conocida como «coup de poudre» (o golpe de polvo) y es la que induce al desafortunado elegido a un estado de coma muy similar a la muerte. 

Al poco de que sus familiares finalmente le entierran, el bokor y sus ayudantes abren el ataúd, le dan una brutal paliza a la víctima y le administran la segunda sustancia, un potente psicoactivo que le sacará en parte de su letargo pero dañará su cerebro anulando su voluntad.

El principal compuesto del llamado «polvo zombie» es la tetrodotoxina, procedente del pez globo, una toxina letal que en la dosis adecuada puede inducir a un estado de parálisis extrema durante varios días. Un aspecto terrible es que la persona permanece consciente de todo lo que ocurre a su alrededor, presenciando su propio entierro en vida, una experiencia realmente horrible que precede a una vida de esclavitud.

Wade Davis fue quien dio a conocer la historia de Clairvius Narcisse, quien después de fallecer oficialmente en 1962, fue encontrado en 1980 y aseguró haber escapado de una plantación en la que había trabajado como esclavo durante dos años en condición de zombie. 

Según relató a las autoridades, cuando el bokor falleció, él y los demás zombies de la plantación comenzaron a vagar sin rumbo, aunque de los demás no se tuvieron noticias. Clairvius Narcisse pasó una larga temporada de rehabilitación en el hospital, pero pese a ello los daños cerebrales que presentaba nunca se repararon del todo.





Cortesía de Mona Gilbertona

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