jueves, 27 de mayo de 2021

sokushinbutsu

 



Las montañas de Dewa Sanzan, en la prefectura japonesa de Yamagata, son un centro de peregrinación budista desde hace siglos. El lugar está repleto de santuarios, donde en la actualidad los fieles realizan peregrinaciones anuales y los excursionistas, arduas rutas de senderismo. Pero este lugar esconde un secreto. En algunos de los templos de la región se exponen, en un lugar de honor, las momias de unos monjes, perfectamente conservadas, vestidas con sus túnicas y sujetando los rosarios de oración con sus resecas manos.

Hacia 1960, llegó a la región un grupo de investigadores locales atraídos por los rumores sobre la existencia de estas momias y descubrieron seis en cinco templos. A raíz del hallazgo se formó un comité de investigación compuesto por varios especialistas de universidades japonesas para estudiar el fenómeno. Un año después, un equipo de científicos e historiadores visitó los templos y pidió permiso a los monjes para estudiar las momias, ya que llamaba mucho la atención el excelente grado de conservación de los cuerpos, teniendo en cuenta la elevada humedad del clima japonés. Los investigadores estaban decididos a llegar al fondo de la cuestión y descubrir los detalles del misterioso proceso de momificación que allí se llevó a cabo.

AUTOMOMIFICACIÓN PARA CONVERTIRSE EN BUDA

La momificación no era desconocida en Japón; de hecho se habían descubierto algunos cadáveres momificados del siglo XII. Parte del proceso consistía en extraer los órganos internos para evitar una rápida descomposición. Pero cuando los expertos empezaron a estudiar las momias de Yamagata descubrieron, para su sorpresa, que sus órganos internos estaban intactos y, más sorprendente aún, que habían empezado a secarse ¡antes de morir! Al parecer, estos monjes se momificaron a sí mismos, en un extraño ritual de suicidio llamado sokushinbutsu (que literalmente significa “conseguir la budeidad en vida”).

Los investigadores vieron que los órganos internos estaban intactos y habían empezado a secarse antes de la muerte.

Los monjes de Yamagata pertenecían a la escuela shingon y se sometían a unas prácticas de ascetismo extremas. Pensaban que su muerte era un acto de redención y que el sufrimiento les permitiría alcanzar el Tushita, una Tierra Pura, un lugar donde lograrían la iluminación mediante la meditación, algo que les permitiría velar por los seres humanos. Para alcanzar esas cotas de poder espiritual era necesario que los cuerpos de los monjes no desaparecieran; debían ser preservados por medio de la momificación.


Para llevar a cabo este proceso, el monje se abstenía de comer cereales y grano durante mil días, y se alimentaba exclusivamente de semillas y frutos secos –en ese tiempo, se dedicaba a la meditación y a ayudar a la comunidad en las tareas más duras–; una vez finalizada esta etapa, y durante mil días más, el monje ingería tan sólo semillas. Este ayuno extremo procuraba al monje un gran sufrimiento, requisito básico para alcanzar la iluminación, y, a la vez, ayudaba al proceso de momificación ya que se eliminaba toda la grasa y el agua del cuerpo (así se evitaba la proliferación de bacterias e insectos tras la muerte). Era necesario, asimismo, beber un té preparado con la corteza de un árbol, el urushi, que contiene un agente químico muy tóxico y que se mantiene en el cuerpo incluso después de morir. Este veneno provocaba vómitos recurrentes, lo que contribuía a eliminar fluidos corporales.

Los monjes que iban a automomificarse bebían un té preparado con la corteza del urushi que contenía un agente químico de gran toxicidad

Tras finalizar esta "purga", el monje se introducía en una estrecha caja de madera construida al efecto. Allí, sentado en la posición del loto, iniciaba su meditación final, mientras la caja se cerraba, dejando un pequeño resquicio por el cual se introducía una caña de bambú para que pudiese respirar. El monje llevaba consigo algunas raíces para continuar alimentándose y una pequeña campana, que tocaba una vez al día para indicar que seguía con vida. Cuando ésta dejaba de sonar, la comunidad retiraba la caña y se sellaba la caja. Pasados mil días, la caja se abría y se comprobaba si el monje había alcanzado el sokushinbutsu. Si era así, la momia resultante se situaba en un lugar visible en el templo y era adorado como un buda viviente. Si no lo había conseguido y el cuerpo estaba deteriorado, se procedía a enterrar al monje con todos los honores. 

EL ÚLTIMO SOKUSHINBUTSU

No está claro cuando comenzó a practicarse el sokushinbutsu en Japón, pero se cree que el primer intento tuvo lugar hacia 1080, aunque parece ser que no tuvo éxito. Desde entonces muchos monjes han intentado alcanzar el sokushinbutsu, pero pocos lo han logrado. Curiosamente, los que han tenido más éxito han sido los monjes de Yamagata, que es donde se han localizado más momias (aproximadamente una veintena). De hecho, el último monje que practicó con éxito el sokushinbutsu fue Tetsuryukay en 1877.

El emperador Meiji prohibió ese año la automomificación en todo el país, pero Tetsuryukay, que había estado preparándose para ello durante años, decidió seguir adelante con el proceso a pesar de la prohibición. En 1878 se selló su tumba. Tras el tiempo preceptivo, sus seguidores abrieron la tumba en secreto y comprobaron con alborozo que su maestro había alcanzado el sokushinbutsu. Entonces, para eludir el castigo por desobedecer la orden imperial, cambiaron los registros del templo y alteraron la fecha de la muerte de Tetsuryukay a 1862. Así, la momia del monje fue expuesta sin problemas en el templo de Nangakuji, donde el último sokushinbutsu de Japón aún puede verse en la actualidad.







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