sábado, 21 de agosto de 2021

Massospora cicadina

 Odio cuando los incautos mencionan que «la naturaleza es sabia». No porque se trate de una mentira, sino porque antes que sabia, la naturaleza es muchas otras cosas. «Implacable» me parece un término más apropiado. 

Massospora cicadina(2)
Massospora cicadina.

En el incesante curso de la evolución no existe lugar para los débiles. Quienes no sobreviven adaptándose o aprovechando sus ventajas, son eliminados del juego evolutivo. Su único destino es la muerte, extinción y el olvido.

Hace algunos años, los científicos estudiaron una especie de hongo que afecta particularmente a la cigarra. Hasta ese momento, desconocían los macabros detalles sobre el tema. Este hongo induce en el huésped un frenesí de apareamiento. Simultáneamente, destroza sus genitales y convierte su cuerpo en contenedor de una enfermedad letal que se disemina con el único fin de matar todo aquello que toca.

Massospora cicadina, el hongo perverso.

La especie de hongo responsable de tan abominables actos se llama Massospora cicadina. Las pobres cigarras son dominadas y obligadas a aparearse frenéticamente. Asumen un comportamiento extraño y son incapaces de evitarlo. Es una auténtica perversión que va contra la propia naturaleza.

cigarras apareandose

Un equipo de investigadores estadounidenses estudió una población de cigarras infectadas por este hongo. En estos insectos observaron efectos similares a los producidos por compuestos químicos psicoactivos, como la anfetamina. Norman Keyser, una eminencia mundial cuando se habla de hongos, se mostró sorprendido por la agresividad y forma en que actúa el Massospora cicadina.

«Las sustancias psicoactivas provocan en las cigarras alteraciones específicas del comportamiento como si se tratara de fármacos. Imagina el peor viaje inducido por una droga potente, pero multiplicado por 1000. Y ni siquiera así nos acercamos a lo que experimentan estos insectos».

De hecho, la industria farmacéutica busca formas de aprovechar esas habilidades del patógeno fúngico para crear fármacos especializados y únicos. Pero, cuando se abordan los detalles sobre los efectos que produce la M. cicada, es difícil convencer a alguien de que los experimente. La reacción más lógica sería tomar un lanzallamas e incinerar cualquier rastro del hongo.

No es casualidad que el hongo reciba ese nombre, pues prolifera en sitios con altas poblaciones de cigarras. Infecta tanto la vegetación como el suelo donde se desarrollan las larvas del insecto. A menudo, las cigarras nacen ya infectadas para transmitir la enfermedad a los otros miembros de la especie. Las esporas, producidas al interior de los cuerpos infectados, se esparcen sobre otros especímenes durante el vuelo.

Mecanismo siniestro del Massospora cicadina.

Cada espécimen infectado desarrolla enormes bolsas repletas de esporas, muy parecidas a tumores. Se extienden por todo el cuerpo y llegan a duplicar el peso del insecto. Cuando hay otras cigarras cerca, las bolsas estallan para continuar la transmisión. El más mínimo contacto es suficiente para diseminar el hongo, que rápidamente infectan colonias enteras.

cigarra infestada de Massospora cicadina

Sin embargo, las habilidades reproductivas del hongo van mucho más allá. Cuando infecta a las cigarras macho, los obliga a volar de una forma que recuerde a las hembras de la especie. Entonces, otros machos confundidos emprenden el ritual de apareamiento y terminan infectados.

El hongo tiene otra forma de hacer pasar un macho por hembra: lo obliga a mutilarse. Con ciertas heridas en la mandíbula, el macho de cigarra pasa por hembra. Literalmente, destroza sus genitales y llena las cavidades con esporas para continuar la infección.

Y si crees que las hembras se salvan de la despiadada Massospora cicadina, estás equivocado. En medio de la guerra biológica, el hongo convierte el sistema reproductivo de las cigarras hembras en una fábrica de esporas. Eventualmente, el cuerpo del insecto adquiere una apariencia grotesca y deforme. Después, vuelan hacia el suelo y mueren. Allí, los cuerpos de las hembras explotan y las esporas se esparcen en el suelo donde viven las larvas, contaminándolo todo.

cigarra con hongos

Por si fuera poco, el hongo influye directamente en el comportamiento de las cigarras infectadas. Las controla y les otorga el único propósito del apareamiento. Pese a la falta de alimento o las heridas producidas por el frecuente contacto con otras cigarras, la misión no se detiene. Continúan buscando pareja y muchas perecen en el afán de cumplir las órdenes del hongo.

Una película de terror.

Los adultos infectados se aparean frenéticamente y cambian de pareja una y otra vez. Si lo comparamos con nosotros, sería como si un humano adulto sostuviera relaciones sexuales entre 20 y 30 veces por día sin opción a detenerse. El Massospora cicadina es un hongo que desarrolló un método de contagio tan ingenioso como aterrador. Si algo de esta naturaleza sucediera con el ser humano, la supervivencia de nuestra especie estaría en serios problemas.

Cuando extrapolamos las características de esta infección fúngica de las cigarras a los humanos, surge la trama para una película horrorosa. Sólo imagina una población infectada por este hongo tan atroz. Los hombres sentirían la obligación de atacar sexualmente a otros individuos, sin importar el sexo, con el único fin de diseminar la enfermedad.

cigarras muertas

La ética o moral que rige en nuestra sociedad pasaría a segundo término, los portadores no entenderían de razones y atacarían a tantos como pudieran mientras el hongo consume sus cuerpos. Abandonarían necesidades básicas como el alimento o el sueño, enfocándose exclusivamente en el apareamiento.

Por otro lado, el cuerpo de las mujeres se deformaría e inflamaría. Su cuerpo se destinaría únicamente a la producción de esporas. Todo su sistema reproductivo, infestado por el hongo, desarrollaría masas tumorales llenas de esporas. Sus vientres crecerían grotescamente hasta explotar en una violenta liberación de gases, esparciendo la enfermedad por el aire e infectando a nuevos huéspedes.

Ojalá nunca suceda.

Cortesia de Chava Pedotes




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