miércoles, 4 de agosto de 2021

EL CADAVER QUE RECLAMO EL DIABLO



Una familia velaba el cuerpo de un familiar  que acababa de fallecer. Todos lo conocían como «el Brujo de San Pancho», ya que era bien sabido que practicaba la magia negra y hacía trabajos de dudosa naturaleza para todo aquel que estuviese dispuesto a pagarle.

Aquella noche, un viento helado y repentino entró en la funeraria, abriendo las puertas de golpe y apagando las veladoras que habían encendido para el muerto. La gente gritó al verse envuelta por la oscuridad.

Rápidamente, alguien encendió otra vela y cuando miraron hacia el ataúd, vieron con sorpresa que junto a este se encontraba un hombre alto y vestido de negro, de ojos penetrantes y sonrisa siniestra.

Sin decir una palabra, el desconocido tomó el cadáver y desapareció. La gente presente entró en pánico y salió gritando, al tiempo que un incendio empezaba a propagarse por el lugar.

—¡Se llevaron el cuerpo! ¡Se llevaron el cuerpo!

Fue tanto el alboroto que se provocó aquella noche, que muchos vecinos prefirieron no salir de sus casas.  

Sobre todo al escuchar que el ladrón del cadáver, había sido nada más y nada menos que «El Catrín», que era como apodaban al diablo por aquellos lares.

Por la mañana la funeraria completa se había consumido por las llamas. Los dueños del negocio nunca quisieron regresar allí.

Hoy el lugar está abandonado. A veces algunas pasan para rezar o dejar veladoras, pero nunca se quedan después de la medianoche ya que, desde el interior, se escuchan gemidos y voces de ultratumba.

Estos hechos reales ocurrieron cuarenta años atrás, durante un velatorio en el municipio de San Pancho, en León, Guanajuato....



Cortesía del Novio de la Naranjera




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