domingo, 30 de septiembre de 2018

Isla Clipperton, una historia de horror

Clipperton es una isla tropical que no tiene mucho de especial. Se trata de un pequeño atolón en forma circular que se ubica a unos mil kilómetros de la costa sureste de México, característico por la presencia de un coral duro y puntiagudo habitado por una inmensa cantidad de pequeños cangrejos. Entre mayo y octubre, durante la época de lluvias, Clipperton es embestida por tormentas torrenciales y el resto del año conserva un característico hedor a amoniaco. Esta pequeña porción de tierra que se eleva sobre el lecho marino está rodeada por el Océano Pacífico, y la única vegetación existente son algunos cocoteros. Por si fuera poco, el mar está atestado de tiburones. Tal vez no resulta sorprendente que la isla Clipperton sea un lugar completamente deshabitado.
Isla clipperton
La Isla de la Pasión (Clipperton) en el océano Pacifico. Google Earth.
Sin embargo, en el pasado las cosas fueron diferentes. La historia moderna de la isla Clipperton comprende una lucha encarnizada entre cuatro países (Estados Unidos, Francia, México y Gran Bretaña) por su propiedad. No sólo la apreciaban por su posición estratégica en las rutas marítimas, también por el abundante guano de la zona, pues el excremento de aves marinas (así como de focas y murciélagos) resulta muy deseable como fertilizante debido a la presencia de fósforo y nitrógeno en altas concentraciones.
Entre 1858 y 1917, cada una de las naciones antes mencionadas procuró establecerse de forma permanente en Clipperton. Entre estos intentos destaca el de un grupo de colonos mexicanos que logró establecerse en el atolón, una comunidad que desafortunadamente fue olvidada y quedó varada en la isla bajo el yugo de un hombre delirante que aprovechó la oportunidad para convertirse en un dictador.

Clipperton, la isla indomable.

Una débil e inespecífica asociación con el pirata británico John Clipperton le dio el nombre a esta isla, aunque los primeros exploradores modernos en reclamar la isla fueron los franceses, en 1858. Se habían propuesto desembarcar en las costas de Clipperton y leer una proclama, pero las cosas no salieron según el plan: acercar la embarcación principal a la isla representaba un riesgo significativo de terminar encallados en el arrecife de coral, y las embarcaciones a remo más pequeñas eran disuadidas por la presencia de tiburones y la marea inestable.
Sin otra opción, los exploradores franceses se limitaron a circunnavegar Clipperton mientras daban lectura a la proclamación. Una vez satisfechos, siguieron su camino. Aunque tuvieron conocimiento de la existencia de guano en esta zona, creyeron que era de calidad inferior, por lo que no hicieron nada para recolectarlo.

Los próximos que intentaron dominar Clipperton fueron los estadounidenses en el año de 1892. Los gringos ya sospechaban que la capa de guano que cubría la isla Clipperton era extremadamente valiosa por lo que, respaldados por la Guano Islands Act, terminaron anexando el territorio. Un pequeño grupo de mineros estadounidenses invertiría los próximos años intentando sacar provecho económico de la isla, desafortunadamente fueron incapaces de superar las condiciones del mercado y los costosos viajes para reabastecerse.
Aves en la isla clipperton

Posteriormente, los mexicanos decidieron poner un alto a esta ocupación de los Estados Unidos en una isla tan cercana a territorio nacional. Un pequeño grupo de mexicanos navegó hasta Clipperton, sedujo a dos de los tres estadounidenses y dejó una bandera mexicana en sustitución de la estadounidense que ondeaba en un asta de 12 metros de altura. Estados Unidos se retractó y renunció a reivindicar la propiedad, pero México y Francia no pudieron llegar a un acuerdo.
Por si fuera poco, una compañía inglesa decidió llevar a cabo una operación para extraer guano, independientemente de que la isla no tuviera dueño. México les permitió el emprendimiento.

El primer asentamiento en la isla.

Los británicos tenían muchas expectativas sobre el lugar así que rápidamente emprendieron un proyecto para construir un nuevo asentamiento en Clipperton. Edificaron viviendas, construyeron un huerto y plantaron más palmas. Pero la isla siguió tan inhóspita como siempre y el proyecto de minería emprendido en 1899 no prosperó. Aunque en esa época el guano de Clipperton era de una calidad excelente, en el mercado había demasiada competencia y el esfuerzo para extraer el material no resultaba económicamente redituable.
Para 1910, los británicos decidieron que el proyecto había llegado a su fin y retiraron a todos los empleados, excepto a un individuo que se quedó a vigilar las instalaciones. Las otras naciones que demandaban la propiedad de la isla, México y Francia, firmaron un tratado de arbitraje y dejaron al rey Víctor Manuel III de Italia decidir sobre la propiedad de Clipperton.
Mientras esta deliberación llegaba a término, el gobierno mexicano envió a un grupo conformado por 13 soldados para proteger la isla, entre estos un gobernador de facto llamado Ramón Arnaud. Pero los hombres no iban solos, fueron seguidos por sus esposas y sirvientes, de hecho, a comienzos de la década de 1910 varios niños nacieron en la isla de Clipperton. En 1914, una embarcación de bandera estadounidense naufragó en la isla y el rescate llegó en poco tiempo, pero antes de partir los estadounidenses aconsejaron a los mexicanos que se retiraran del lugar.
Ramón arnaud sr
Ramón Arnaud
Obviamente, Arnaud rechazó esta propuesta y tomó la decisión de expulsar al último británico que vivía en la isla, embarcando al hombre y su familia junto con los estadounidenses. Como ya no tenían personal en Clipperton, los británicos se olvidaron de la isla. Por otra parte, en territorio mexicano se gestaba una revolución. Sin explicación alguna las embarcaciones dejaron de llegar a la isla. Aquella pequeña comunidad era completamente dependiente de México para la obtención de suministros e información, y no pasó mucho tiempo antes que la reserva de alimentos empezara a mermar.

La comunidad mexicana en Clipperton.

Para entonces la isla de Clipperton contaba con una población de 26 habitantes: 13 militares, alrededor de 12 mujeres y sus hijos, y un solitario guardián del faro llamado Victoriano Álvarez que vivía solo en la base de un acantilado bajo el faro que los mexicanos construyeron en 1906. El huerto de la isla se había perdido por completo debido a la falta de mantenimiento, y el único alimento disponible eran los peces, las aves y los huevos.
Cada semana podían permitirse disfrutar de algunos cocos, pero resultaban una fuente insuficiente de vitamina C, por lo que los isleños, especialmente los hombres adultos, comenzaron a enfermar de escorbuto. Los habitantes de Clipperton empezaron a morir uno a uno, y sus compañeros isleños con vida los enterraban profundo en la arena para evitar que los cadáveres quedaran a merced de los cangrejos. Arnaud estaba preocupado, pero completamente decidido a no abandonar la isla.

Cangrejos de la isla clipperton
Como sea, sabía perfectamente que cualquier intento de alcanzar tierra firme en el continente probablemente terminaría muy mal. La única embarcación disponible para los isleños no tenía combustible suficiente para llegar a Acapulco, y terminar el viaje remando resultaba extremadamente complicado con apenas cinco hombres en Clipperton, todos afectados por la desnutrición y la deficiencia de vitaminas.
La situación empeoró mucho cuando Arnaud divisó una embarcación a la distancia y convenció a otros 3 soldados de seguirlo en un bote de remos para buscar ayuda. Sin embargo, los hombres no encontraron embarcación alguna en el agua. Probablemente Arnaud fue víctima de una alucinación. Molestos, los tres hombres que lo acompañaban intentaron someter a Arnaud para quitarle el arma. Varias esposas observaban con impotencia desde la costa.
Aquella pelea provocó que todos terminaran cayendo por la borda, y los cuatro murieron ahogados en las olas. Apenas horas después de la tragedia, dos emergencias se presentaron para los isleños restantes: la presencia de un huracán en altamar y la viuda de Arnaud que entró en labor de parto. Mujeres y niños se refugiaron en el estrecho sótano de la vivienda de los Arnaud, y Alicia Rovira de Arnaud dio a luz a su cuarto hijo, Ángel. La madre y el bebé lograron sobrevivir, pero cuando los isleños salieron a la superficie encontraron que las viviendas estaban en ruinas.

El ascenso del “rey” Álvarez.


Sólo entonces, el discreto cuidador del faro irrumpió de forma abrupta en el asentamiento destruido, se apoderó de las armas y las arrojó a las aguas profundas de la laguna. Guardando un rifle para sí mismo, se proclamó ante las mujeres y niños como el nuevo rey de la isla. Esto fue el comienzo de un proceso sistemático de esclavización de las mujeres para cualquier propósito que deseara Álvarez. Una madre e hija que se negaron a obedecer sus órdenes fueron ultrajadas y asesinadas a tiros. Los demás eran víctimas de palizas regulares.
Oceano isla rocosa

Pasaban los meses y Álvarez iba de una isleña a otra cumpliendo sus más bajos instintos: cuando se enfadaba de Altagracia Quiroz, de 20 años, tocaba el turno a Rosalía Nava, de 13 años, y después a la veinteañera Tirza Rendón. Rendón era una mujer fornida que no hacía esfuerzo alguno para ocultar su odio por Álvarez, pero fue incapaz de armar un plan de escape.
El “rey” Álvarez estaba consciente de que en cualquier momento podrían descubrirlo las embarcaciones que pasaban por la isla, especialmente desde que supo que Alicia Rovira Arnaud le contaría todo a cualquier forastero que se aprecia en Clipperton. Así, Álvarez amenazó a Arnaud diciéndole que la mataría en cuanto alguien del mundo exterior se apareciera en el lugar.
Tal vez Álvarez tenía plena conciencia de sus actos, pero también resulta probable que fuera un psicótico. Debido a su ascendencia africana había sido despreciado durante gran parte de su vida, una situación tan estigmatizadora en México como lo era en los Estados Unidos en esa época. Los años de aislamiento en Clipperton seguramente terminaron amplificando su enojo, sobre todo porque mantener un faro era un trabajo notorio por causar locura.

El final del horror.

El reinado de terror de Álvarez se extendió durante un par de años. Después de la tormenta, mujeres y niños se dividieron los cocos y los suministros restantes. Álvarez continuó ciclando a su trío de mujeres. En julio de 1917, se enfadó nuevamente de Tirza Rendón y tomó la decisión de seguir con Alicia Rovira Arnaud, a quien anteriormente había evitado. Tomó su rifle, llevó a Rendón al asentamiento principal e indicó a Arnaud se presentara en su cabaña a la mañana siguiente.
Sobrevivientes isla clipperton
Los isleños sobrevivientes
El 18 de julio de 1917, Arnaud y su hijo de siete años, el pequeño Ramón Arnaud, se dirigieron a la cabaña del cuidador del faro, acompañados por Rendón. Álvarez, que se encontraba en el exterior asando un pájaro, estaba de un humor extrañamente bueno, pero no se puso contento cuando vio a Tirza Rendón una vez más. “¿Qué haces aquí?”, le preguntó e intentó alejarla. En lugar de obedecer, Rendón se dirigió a la cabaña del farero, regresó con un martillo y, a la señal de Arnaud, asestó un golpe en el cráneo de Álvarez. Y luego repitió el ataque. Arnaud envió a su hijo a la cabaña, y mientras Álvarez se quitaba a Rendón de encima, tomó un hacha y fue tras Arnaud. Arnaud le pidió a su hijo que tomará el rifle de Álvarez. El muchacho lo hizo, pero Rendón se le adelantó dándole otro buen golpe al farero, que se desplomó en el suelo. Probablemente Álvarez ya estaba sin vida en este punto, pero completamente cegada por la ira, Tirza Rendón tomó un cuchillo y lo apuñaló en repetidas ocasiones.
En el ataque de histeria, Rendón empezó a golpear el rostro del muerto. El reinado de terror de Álvarez en la isla Clipperton había culminado.

La llegada del USS Yorktown.

Cuando los tres aún se encontraban junto al cadáver del tirano, el pequeño Ramón observó algo en el horizonte que los isleños no habían visto en casi dos años: una embarcación. Se trataba del USS Yorktown, una embarcación cañonera de los Estados Unidos que patrullaba la costa oeste de América del Norte y del Sur, buscando submarinos alemanes pues corría el rumor de que los nazis habían establecido bases secretas de radio y submarinos en el Pacífico. La isla Clipperton se encontraba justo en la ruta que seguía el Yorktown, pues clasificaba como escondite para el enemigo.
La embarcación rodeó Clipperton y procuró enviar una embarcación más pequeña a tierra, pero los estadounidenses no fueron capaces de llegar a la costa y regresaron a la cañonera. Los isleños quedaron devastados al observar esta escena. Precisamente cuando tenían la oportunidad de escapar de aquella pesadilla, simplemente desapareció. Las mujeres incluso llegaron a discutir si debían tirar la toalla y dispararse o ahogarse en la laguna. Afortunadamente, los estadounidenses hicieron un segundo intento por llevar un bote a las costas de Clipperton, y en esta ocasión lo lograron.
Uss yorktown
USS Yorktown
Arnaud entabló una conversación con los estadounidenses y de forma frenética les externó sus deseos por abandonar aquella isla lo antes posible. Varios miembros de la tripulación acompañaron a las mujeres al asentamiento para recoger sus pertenencias, mientras otros se dirigieron a investigar en el faro. Los estadounidenses notaron que los niños eran demasiado pequeños para su edad debido a la desnutrición, sobretodo el pequeño Ángel Arnaud, que a los dos años sufría raquitismo y era incapaz de caminar.
Un pequeño de 11 años llamado Francisco Irra tuvo que cargar a Ángel hasta la embarcación americana, y los marineros condujeron a los sobrevivientes de la isla Clipperton (tres mujeres y ocho niños) al Yorktown. El cuerpo de Álvarez fue dejado para el disfrute de los cangrejos.
Harlan Page Perrill, capitán del Yorktown, escribiría más tarde en una carta dirigida a su esposa:
Divisé varias mujeres y niños a lo largo de la playa y puedes imaginar mi sorpresa cuando los observadores en el puente informaron que estaban subiendo al bote. La especulación era grande. Cuándo el oficial Kerr me entregó el informe, reveló una historia de infortunio absolutamente horrenda con todos sus detalles.
El informe del oficial Kerr sobre el rescate en la isla Clipperton no revelaba ningún detalle sobre el encargado del faro. Kerr y Perrill tuvieron la precaución de proteger a Rendón y los demás sobrevivientes de las consecuencias legales y sociales por el altercado entre las mujeres y Álvarez. Durante 17 años, nadie dijo una sola palabra sobre lo que realmente sucedió en la isla Clipperton entre 1914 y 1917.

Los isleños de Clipperton vuelven a México.

El Yorktown interrumpió brevemente su cacería de alemanes y se dirigió a Salina Cruz, donde varias mujeres y niños tenían a sus familias. Enviaron un cable al consulado británico en la ciudad para que les ayudarán a localizar a sus familiares. Los isleños experimentaron la incomodidad propia de ir en una embarcación, pero les encantó el ambiente, y los marineros se encariñaron con los pequeños. El 22 de julio de 1917, el Yorktown llegó a tierra firme.
Poco después que el barco arribara a la costa, apareció una embarcación con Félix Rovira, el padre de Alicia Rovira Arnaud. Este hombre había cuestionado regularmente a las autoridades mexicanas sobre el destino de su hija, sólo para que le informaran repetidamente (y de forma totalmente falsa) que los colonos de la isla Clipperton habían muerto. El señor Rovira, su hija y sus cuatro nietos tuvieron un recuentro tan conmovedor que varios marineros terminaron llorando. Además, les entregaron un pequeño fondo para que empezaran una nueva vida en territorio mexicano.
Los habitantes locales se mostraron profundamente agradecidos con los marineros estadounidenses por el rescate, y como forma de agradecimiento organizaron una fiesta en un hotel local.
Barco encallado en la isla clipperton
Al principio, Perrill suponía que Alicia Rovira tendría alrededor de 40 años. De hecho, la mujer acababa de cumplir los 29 años y las demás mujeres eran todavía más jóvenes. Los nueve años de dificultades que pasaron en la isla Clipperton terminaron cobrando un alto precio; sin embargo, 11 de los colonos lograron salir adelante. Esta historia se transmitió de boca a boca en los años posteriores y llegó a ser muy popular en toda la costa oeste de México.
En 1931, Víctor Manuel III de Italia finalmente tomó una decisión y otorgó la isla Clipperton a Francia. Desde entonces, la isla ha recibido la visita ocasional de militares franceses y estadounidenses, expediciones científicas y ocasionalmente grupos de náufragos. En 1980, Ramón Arnaud Jr. volvió a visitar Clipperton con un equipo de biólogos encabezado por Jacques Cousteau. Con 70 años encima, Arnaud se mostró muy complacido de volver a su lugar de nacimiento a pesar del trauma. Sin embargo, nadie ha intentado vivir de forma permanente en Clipperton desde que los colonos fueron rescatados por el Yorktown.