jueves, 27 de enero de 2022

La leyenda del charro negro

 


En el centro de México existe un sinfín de leyendas de terror que se han contado atreves de generaciones, como es el caso de la leyenda del charro negro, un ente infernal que se dedica a cobrar las deudas de quienes por ambición vendieron sus almas al diablo y que llegada su hora se niegan a cumplir con el acuerdo, asimismo el cobrador del diablo busca un nuevo sucesor que le quite la maldición diabólica.

Cuenta la leyenda que a finales del siglo XVIII en el poblado de San Juan de los Lagos, ubicado en los altos de Jalisco, vivía una familia muy humilde que trabajaba la tierra de sol a sol para poder sobrevivir, el hijo de la pareja era un joven ambicioso que soñaba con grandes riquezas, le gustaba vestir bien para pasearse por el pueblo y enamorar a las jovencitas, incluso pasaba varios días sin comer para ahorrar para un buen sombrero o alguna otra prenda que le hiciera ver bien, con el paso del tiempo sus padres murieron y el quedó completamente solo y hundido aún más en la miseria, harto de la pobreza que vivía y de estar trabajando desde antes del amanecer hasta el anochecer sin descanso, decidió buscar al diablo para pedirle riquezas a cambio de su alma.

De alguna manera y después de tanto intentarlo, se le apareció el rey de las tinieblas justo frente a él, no necesitó pronunciar ni una palabra para realizar la propuesta, al diablo solo le bastó con mirarlo fijamente a los ojos para entender lo que quería, en ese momento le concedió riquezas inimaginables que no le alcanzarían dos vidas para gastárselas, la única condición era que le pagaría con alma al final de su vida, el hombre aún era joven y fuerte, su ambición pudo más que el miedo y no se sintió intimidado por el diablo y aceptó el trato.

Pasaron los años y el ahora hombre acaudalado siempre vestía trajes de charro color negro con adornos de plata y oro, vivía en una hacienda llena de lujos y con los mejores caballos del mundo, tenía más de un centenar de trabajadores a su servicio, la juventud se le acabó y un día se cansó de las mujeres que estaban con el por su dinero, las apuestas de cantidades exorbitantes, y todas aquellas riquezas que tenía, a pesar de tener más dinero del que se pudo imaginar en su juventud, el hombre se sentía vacío por dentro.

Un día, lo fue a visitar el diablo para recordarle la deuda que tenía con él y le dijo que pronto tendría que pagarle, el hombre ya había olvidado aquel trato que hizo con el rey de las tinieblas y sintió que el miedo recorría cada rincón de su cuerpo, se negaba a ser llevado por el diablo, así que ordenó a sus empleados que pusieran cruces benditas en cada rincón de la hacienda, incluso mandó a construir una capilla en sus terrenos, pero aún así no se sentía seguro dentro de su propiedad, así que decidió escapar bajo el manto de la noche con su caballo favorito, un corcel negro pura sangre, amarró a la montura una bolsa llena de monedas de oro y emprendió la huida.

El demonio se dio cuenta de que el hombre no tenia intenciones de honrar el trato y se le apareció frente a el en un camino, le dijo que tenía la intención de esperar al momento de su muerte para llevarse su alma, pero por sus acciones tan cobardes sería castigado, no solo se llevaría su alma, sino también lo usaría para cobrar las deudas de los ambiciosos que vendieron su alma a cambio de riquezas, y si algún día conseguía que algún desafortunado aceptara la bolsa llena de oro que tenia en la montura, ese sería el fin de su maldición, pues tendría un nuevo sucesor, dicho esto la piel y carne del charro comenzó a desaparecer, quedando únicamente el traje sobre los huesos del hombre, en ese momento el caballo agredió a patadas al diablo para alejarlo y el diablo comenzó a reírse y por la fidelidad del caballo también lo maldijo a acompañarlo en las cobranzas de almas.


Desde ese momento se pueden escuchar relatos de encuentros con el charro negro en los poblados alejados de las grandes ciudades, en rancherías y en los caminos donde pasan los hombres pobres con grandes ambiciones, intentando cambiar las monedas de oro por un alma que tome su lugar, se dice que de vez en cuando se escuchan las pisadas del charro negro y de su caballo en el centro de San Juan de los Lagos, allá en los altos de Jalisco.




Nota Cortesía de RickyRuqui



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