miércoles, 23 de marzo de 2022

MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI




Miguel Ángel provenía de una familia de militares y políticos, por lo que su talento artístico surgió como una flama capaz de iluminarlo todo. Lorenzo de Médici, el Magnífico, reconoció las habilidades en el joven Miguel Ángel y lo invitó a vivir en el Palacio Médici en Florencia, junto con otros artistas e intelectuales. Allí Buonarroti estudió la colección privada de escultura y posteriormente, se dedicó secretamente a la disección de cadáveres, avanzando su comprensión y representación de la anatomía. 

Miguel Ángel creía que la escultura era imperfecta en relación con la creación divina: cuando el esculpía pensaba que respondía al llamado de formas humanas prisioneras en el bloque de mármol a las que él liberaba. Esculpió La Piedad antes de cumplir 25 años, y el David, la primera escultura monumental desnuda desde la antigüedad, vino poco después.

Cuando el Papa Julio II lo llamó a Roma para pintar la bóveda de la Capilla Sixtina, Miguel Ángel protestó alegando airadamente que era escultor y no pintor. Afortunadamente y para la posteridad, la opinión y el poder de Julio II prevalecieron y Miguel Ángel creó su obra trascendental. Su brillante y majestuosa técnica de representación de la figura humana, que él consideraba la más alta expresión de arte, transformó a la pintura y escultura italianas.

En 1505 el Papa lo comisionó para pintar la Capilla Sixtina. Miguel Ángel estaba ansioso de volver a sus proyectos escultóricos y resintió el tiempo que tuvo que dedicarle a la bóveda, la cual completó casi por sí mismo en 4 años. Trabajó constantemente, en un enorme andamio y con la pintura chorreando sobre su rostro. Se detenía únicamente para dormir y lo hacía con su misma ropa y botas, las que le causaron un gran daño físico.

La Capilla Sixtina contiene cientos de figuras que corresponden desde el Libro del Génesis hasta los profetas del Viejo Testamento, sibilas clásicas y detalles arquitectónicos. Sus figuras tienen la redondez monumental de la escultura, con un gran dinamismo, como si estuviesen a punto de cobrar vida. Buonarroti estaba seguro de que su creatividad y genialidad  eran un obsequio divino, pero también un castigo. Su temperamento tormentoso y su gran talento lo llevaron por los senderos de la gloria, pero también por los de la angustia.




Nota cortesía de RICKYKUNO



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