martes, 7 de diciembre de 2021

El suicidio de Manuel Acuña





El 6 de diciembre de 1873 en su habitación de la escuela de medicina fue encontrado el cuerpo sin vida del poeta mexicano Manuel Acuña, todos sabían su sufrimiento vivido, su pobreza y su desesperación a la vida y al amor, su único testamento que dejó antes de ingerir el cianuro de potasio que termino con su existencia fue un poema para su musa de inspiración, ese amor que lo había desdeñado y jugado con su corazón, el canto final a su amada Rosario, mujer hermosa y de fino trato pretendida por poetas y libertadores como José Martí y Manuel María Flores, que a pesar de haber tenido el corazón de un gran poeta nunca pudo doblegar hacia el sur corazón. 

Este es un homenaje al otro lado del México antiguo, al México romántico y lleno de ilusiones. 



Nocturno a Rosario


Pues bien, yo necesito

decirte que te adoro,

decirte que te quiero

con todo el corazón;

que es mucho lo que sufro,

que es mucho lo que lloro,

que ya no puedo tanto,

y al grito que te imploro

te imploro y te hablo en nombre

de mi última ilusión.

De noche cuando pongo

mis sienes en la almohada,

y hacia otro mundo quiero

mi espíritu volver,

camino mucho, mucho

y al fin de la jornada

las formas de mi madre

se pierden en la nada,

y tú de nuevo vuelves

en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos

jamás han de ser míos;

comprendo que en tus ojos

no me he de ver jamás;

y te amo, y en mis locos

y ardientes desvaríos

bendigo tus desdenes,

adoro tus desvíos,

y en vez de amarte menos

te quiero mucho más.

A veces pienso en darte

mi eterna despedida,

borrarte en mis recuerdos

y huir de esta pasión;

mas si es en vano todo

y mi alma no te olvida,

¡qué quieres tú que yo haga

pedazo de mi vida;

qué quieres tú que yo haga

con este corazón!

Y luego que ya estaba?

concluido el santuario,

la lámpara encendida

tu velo en el altar,

el sol de la mañana

detrás del campanario,

chispeando las antorchas,

humeando el incensario,

y abierta allá a lo lejos

la puerta del hogar...

Yo quiero que tú sepas

que ya hace muchos días

estoy enfermo y pálido

de tanto no dormir;

que ya se han muerto todas

las esperanzas mías;

que están mis noches negras,

tan negras y sombrías

que ya no sé ni dónde

se alzaba el porvenir.

¡Que hermoso hubiera sido

vivir bajo aquel techo.

los dos unidos siempre

y amándonos los dos;

tú siempre enamorada,

yo siempre satisfecho,

los dos, un alma sola,

los dos, un solo pecho,

y en medio de nosotros

mi madre como un Díos!

¡Figúrate qué hermosas

las horas de la vida!

¡Qué dulce y bello el viaje

por una tierra así!

Y yo soñaba en eso,

mi santa prometida,

y al delirar en eso

con alma estremecida,

pensaba yo en ser bueno

por ti, no más por ti.

Bien sabe Díos que ése era

mi más hermoso sueño,

mi afán y mi esperanza,

mi dicha y mi placer;

¡bien sabe Díos que en nada

cifraba yo mi empeño,

sino en amarte mucho

en el hogar risueño

que me envolvió en sus besos

cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza...

mas ya que a sus fulgores

se opone el hondo abismo

que existe entre los dos,

¡adiós por la última vez,

amor de mis amores;

la luz de mis tinieblas,

la esencia de mis flores,

mi mira de poeta,

mi juventud, adiós!


Manuel Acuña. (1849-1873)



Cortesía del Enano Mitotero



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