jueves, 3 de septiembre de 2020

pandemias del pasado

 ¿Crees que 2020 es el peor año en la historia de la humanidad? Las pandemias no son un fenómeno moderno, y el mundo se las ha arreglado con desastres parecidos en el pasado. Obviamente que no subestimamos el estrés que ha generado la situación actual, pero en el pasado no disponían de un medio que los mantuviera ocupados (entreteniéndose, estudiando o trabajando) mientras las cosas mejoraban. Bueno, es verdad que tampoco tuvieron escasez de papel higiénico, principalmente porque el artículo ni siquiera existía.

pintura de la muerte

Cinco de las peores pandemias que azotaron a la humanidad se desvanecieron lentamente, y la disminución de estas enfermedades atendió a los motivos más variados. La experiencia con esta clase de situaciones nos enseñó que, ocasionalmente, tomar medidas poco ortodoxas y pensar fuera de la caja puede funcionar para prevenir enfermedades. Incluso cuando el gobierno y/o el público se muestran reacios al principio. Estas jugadas magistrales pudieran ser la razón de que sigamos existiendo.

Desde que empezamos a registrar la historia, los humanos libramos la batalla con varias pandemias importantes. Y hay que dar el crédito que se merece a Yersinia pestis, una bacteria responsable por tres de estos desastres. Siendo honestos, este microorganismo llegó como un jinete del Apocalipsis para los humanos.

La Plaga de Justiniano.

En el año 541 d.C., la Y. pestis hizo su primera aparición en Constantinopla: un episodio que pasó a la historia como la Plaga de Justiniano. La bacteria llegó de Egipto, al interior de las pulgas que infestaban a las ratas de las embarcaciones. Cuando los roedores consumían los granos almacenados en los barcos, la muerte estaba servida.

imperio bizantino

En aquella época nadie tuvo el talento para rastrear el vector biológico. Suponían que se originó en Egipto, pues Justiniano (emperador de Constantinopla y el Imperio Bizantino) conquistó ese territorio hacía poco, y cuando sus embarcaciones viajaron a África del Norte, Europa y Asia la enfermedad se esparció.

Los historiadores estiman que la Plaga de Justiniano terminó con la vida de entre 30 y 50 millones de personas. Probablemente la mitad de la población mundial murió en aquella época. Con el paso del tiempo, la enfermedad disminuyó lentamente hasta desvanecerse.

La Peste Negra.

Desgraciadamente, desvanecer no es sinónimo de erradicar. Y ocho siglos después una nueva cepa de esta bacteria diezmó a los europeos con tan renovado ímpetu que le dieron un nombre bien merecido: Peste Negra. Aunque la población mundial logró recuperarse de aquella primera batalla con la Yersinia pestis, en el transcurso de cuatro años la bacteria mató a 200 millones de personas.

Los libros de historia permitieron a los funcionarios de salud conocer los aterradores efectos que tiene una pandemia de esta naturaleza. De hecho, sabían que la propagación de la enfermedad podía controlarse si lograban aislar a las personas enfermas de las sanas.

En Ragusa, uno de los puertos más importantes que en aquella época controlaba la República de Venecia y actualmente se llama Dubrovnik, los funcionarios notaron que una gran cantidad de marineros llegaban enfermos. Por eso, instauraron una medida que obligaba a todas las embarcaciones a mantenerse frente al puerto durante cuarenta días antes de atracar. Con esto se aseguraban de que no venían enfermos.

Este periodo de aislamiento, llamado quarantino por la palabra veneciana para cuarenta, es la primera ocasión en que los humanos implementamos medidas para prevenir el contagio de una enfermedad. El método se volvió tan popular que diversos lugares del mundo lo adoptaron, y evolucionó a la cuarentena que conocemos en la actualidad.

medico de la peste negra

Las prácticas de cuarentena se mostraron efectivas en la disminución de la Peste Negra, pero no evitaron que siquiera reapareciendo. Y Londres figuró entre las ciudades más afectadas por esta enfermedad. El gobierno londinense no lograba encontrar una forma de reducir esta plaga, que reaparecía cada dos décadas.

La Gran Plaga de Londres.

Aunque se consideraban pequeñas plagas, en cada reaparición mataba al 20% de las personas que vivían en Londres. En la década del 1500, los británicos promulgaron nuevas leyes que obligaban a las casas infectadas a colgar un pequeño rollo de paja en un poste frente a la puerta principal.

Pieter Brueghel el Viejo
Pieter Brueghel el Viejo.

Además, instaron a los familiares de los infectados a cargar un palo blanco mientras recorrían las calles, para que todos supieran que debían guardar distancia. Suponiendo que la enfermedad se originaba en perros y gatos, el gobierno ordenó sacrificar a miles de animales, aún sin saber que las pulgas y ratas eran las verdaderas culpables.

Nadie esperaba un brote más letal que los anteriores, pero en 1665 la peor pesadilla de los británicos se hizo realidad en la Gran Plaga de Londres. Completamente fastidiado, el gobierno prohibió toda clase de eventos públicos, instauró toque de queda generalizado y envió a los muertos a fosas comunes asegurándose de que las funerarias tuvieran el mínimo contacto. Este método tan riguroso se mostró efectivo, y la Y. pestis desapareció.

La viruela.

Para el siglo XV, la viruela ya circulaba en Asia y Europa desde hacía buen tiempo. Sin embargo, cuando la enfermedad llegó al Nuevo Mundo las consecuencias fueron catastróficas. Las comunidades indígenas del continente americano no tenían ningún tipo de inmunidad contra la viruela, pues jamás estuvieron expuestas al virus en el pasado.

En el transcurso de cien años, aproximadamente el 90% de las personas que vivían en América y no nacieron en Europa estaban muertas. Tan sólo en el territorio que ocupa México actualmente, perecieron alrededor de 10 millones de habitantes a causa de la viruela.

Y aunque llevó varios siglos, la humanidad logró erradicarla. En 1796, Edward Jenner inoculó exitosamente la enfermedad a una persona sana implementando un tipo de viruela vacuna, aunque menos letal, para provocar una infección atenuada. Tras percatarse de que las lecheras contagiadas de viruela vacuna mostraban inmunidad ante la viruela, Jenner tomó un hisopo, lo empapó en una ampolla de viruela vacuna y lo pasó por un pequeño corte en el brazo de un niño. Posteriormente, el pequeño se expuso a la viruela.

Edward Jenner
Edward Jenner.

Como no enfermo, replicaron el método ideado por Jenner y apareció la vacuna moderna. En 1980, la viruela finalmente quedó erradicada.

Cólera.

A diferencia de lo que acostumbran las nuevas generaciones, las plagas simplemente no pueden ser canceladas. Sin embargo, una de las formas más radicales de poner fin a un brote se observó en Inglaterra con el cólera. A mediados del siglo XIX, los eruditos estaban convencidos de que la enfermedad, que hacía caer a los británicos como moscas, era consecuencia de un “mal aire”.

Bristol Londres

Y como no podemos ver el aire, el cólera era inevitable. Sin embargo, un hombre escéptico llamado John Snow tuvo una idea completamente contraria al estatus quo. Sospechaba que la enfermedad se propagaba mediante un mal en los sistemas de agua de Londres.

Al investigar más a fondo, Snow cruzó los datos proporcionados por hospitales y morgues en los brotes locales para identificar algún tipo de vínculo con el agua potable que bebieron los enfermos. Y lo encontró. Las personas que acudieron a la bomba de Broad Street para sacar agua del pozo presentaban un porcentaje de enfermedad inusualmente alto. De hecho, 500 de esas personas perdieron la vida.

John Snow 1813 1858

Snow buscó a los encargados de la bomba. Y de alguna forma los persuadió para retirar la manija y prohibir el acceso al público. Las infecciones en ese lugar cayeron abruptamente, y el descubrimiento de John Snow nos obsequió la conciencia permanente sobre la importancia del acceso a agua limpia.

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