domingo, 25 de julio de 2021

FELIPE II : LA INMUNDA MUERTE

 


Tenía Felipe una obsesiva fijación con la higiene, la muerte le llegó en unas circunstancias que no habría deseado ni a su peor enemigo.

La figura de Felipe II siempre ha estado envuelta en un aura de sobriedad, formalismo y seriedad, fruto de una personalidad seria e introvertida y que casi nunca se dejaba llevar por los sentimientos y mantenía una regia compostura ante cualquier circunstancia.

Durante su infancia fue un niño apocado y retraído, poco interesado en las actividades físicas y con la jardinería como única afición, nada que ver con su vigoroso padre.

Era tímido y miedoso. En el ámbito académico,

no era un estudiante demasiado brillante pero lo suplía con disciplina y trabajo duro , valores inculcados por unos preceptores muy exigentes.

Felipe llegó a vivir 71 años, una edad muy respetable para la época y más aún teniendo en cuenta que su salud nunca fue demasiado envidiable: ( sufrió de asma , artritis, problemas digestivos , cálculos en el riñón, gota y otras enfermedades).

Amaba el orden, la puntualidad y la rutina.

Seguía unos horarios fijos , en los que cada hora y cada minuto estaban planificados, incluidos los pocos ratos de ocio y el esparcimiento, que figuraban igualmente planificados.

Este gusto por controlarlo todo se manifiesta también en su modo de gobernar.

Felipe siempre quiso encargarse personalmente de todos los asuntos de estado, en lugar de ser delegados a otros funcionarios.

Felipe era extremadamente comedido, controlaba sus emociones en todo momento.

Jamás se dejó llevar por su temperamento y encajaba las buenas y las malas noticias con total frialdad; apenas hay constancia de que perdiera la compostura un par de veces en toda su vida: una para bien, cuando recibió la noticia de la Matanza de San Bartolomé; una masacre ocurrida en Paris en la noche del 23 de Agosto de 1572, por orden del Rey francés Carlos IX , en la que fueron asesinados más de 3.000 protestantes. Cuando Felipe lo supo estalló de alegría, gritó y rió como nunca lo había hecho.

Otra ocasión fue para mal , cuando en 1597 conoció el fallecimiento de su hija Catalina Micaela . En aquella ocasión Felipe rompió a llorar y a gritar sus penas .

Felipe era testarudo, le costaba mucho tomar una decisión, de ahí que sea conocido como el Rey Prudente .

Tenía un rasgo muy poco común en la época: era una persona muy aseada.

En 1598 , año de su fallecimiento, viendo la muerte cercana, decidió trasladarse al Escorial para morir allí.

Llegó al Monasterio en verano y en los días siguientes se dedicó a recorrer todos los rincones de su gran obra, como si quisiera despedirse de aquel lugar que con tanto empeño había logrado construir.

El ajetreo y el esfuerzo que le supuso recorrer los distintos lugares del Monasterio provocaron que en pocos días cayera enfermo de friebres y debiera guardar reposo acostado en el lecho de su habitación , del que ya no volvería a levantarse , su estado fue empeorando día a día. 

Felipe se vió atacado de hidropesía , que le provocó una tremenda hinchazón del vientre y de las piernas . Tenía avanzada artritis , llagas profundas en manos y pies y que causaban un gran dolor .

Las llagas no tardaron en aparecer en todo el cuerpo . Especialmente grave fue el momento en que le trataron un enorme absceso supurante que se le había formado en la pierna y que debió abrirse con hierro candente . 

Mientras se encontraba postrado mandó que llevaran a su habitación el ataúd donde habría de ser enterrado .

Dio orden que una vez muerto , su cuerpo fuera introducido en un ataúd de plomo y herméticamente cerrado de modo que no pudiera expedir ningún olor .

Cuando llevaba 35 días postrado su sistema digestivo comenzó a fallar y se vió atacado por continuas diarreas .

Su estado impedía que se le pudiera mover o cambiar de postura para cambiar las sábanas y se abrieron huecos en el colchón para facilitar las evacuaciones .

Felipe que había sido un fanático de la higiene y la pulcritud se encontraba ahora sumido en un montón de pus y heces .

Nadie era capaz de permanecer mucho rato en su habitación debido al hedor .

No fue hasta el 13 de Septiembre cuando el Prudente , tras 53 días de penosa agonía , cerró los ojos y exhaló su último aliento . Murió agarrado con la pocos fuerzas que le quedaban en el rudimentario crucifijo que había sostenido su madre y su padre cuando les llegó la hora . 


 Cortesía de Doña Natus



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