viernes, 20 de enero de 2023

Pistear cambia el cerebro del feto

cerebro del feto cambia con el alcohol El consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo, incluso con moderación, tiene potencial para dañar seriamente el cerebro del feto. De acuerdo con un reciente estudio conducido por la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA), el alcohol modifica la estructura y el desarrollo normal del cerebro fetal. Esta conclusión se obtuvo tras el análisis a las resonancias magnéticas de 24 fetos, embriones con entre 22 y 36 semanas de desarrollo.

“Gracias a la resonancia magnética fetal, un método de examen totalmente seguro y altamente especializado, podemos realizar diagnósticos precisos sobre la maduración cerebral antes del nacimiento”, puntualiza Gregor Kasprian, investigador senior del estudio y profesor adjunto de radiología en la Universidad de Viena, en Austria.

Los efectos del alcohol en el feto.

Para determinar el consumo de alcohol entre las madres que participaron en el estudio, los investigadores las invitaron a realizar un cuestionario de forma anónima. Las preguntas se obtuvieron del Pregnancy Risk Assessment Monitoring System, un proyecto a cargo de los CDC, en los Estados Unidos, y el T-ACE Screening Tool, una herramienta para medir el consumo de riesgo que consta de cuatro preguntas.

En aquellos fetos expuestos al alcohol, los investigadores observaron una puntuación de maduración fetal (fTMS) significativamente menor que los no expuestos a la sustancia.Pese a que presentaban el mismo tiempo de gestación. Además, el surco temporal superior del lado derecho (STS), una región cerebral vinculada a las habilidades sociales, percepción de lenguaje e integración audiovisual, tenía menos profundidad.

“Localizamos las variaciones más significativas en los lóbulos temporales y en el STS”, dice Kasprian. “Se sabes que esta región, específicamente la formación del STS, influye mucho en el desarrollo del lenguaje durante los primeros años de vida”.

Un trago a la semana ya es perjudicial en el embarazo.

Patric Kienast, autor principal del estudio, dice que 17 de las 24 madres consumían alcohol moderadamente. En promedio, ingerían una bebida alcohólica por semana. “Sin embargo, a partir de la resonancia magnética prenatal ya se detectaban cambios significativos en [el cerebro de] estos fetos”.

Otras tres madres consumían tres tragos por semana, mientras que dos se echaban hasta seis “drinks” en el mismo lapso. Una sola de las gestantes que participó en la investigación confesó consumir más de 14 bebidas alcohólicas por semana. Además, seis informaron que pasaron por al menos un evento de consumo excesivo de alcohol, bebiendo más de cuatro dosis en una sola ocasión.

Los efectos del consumo de alcohol en el embarazo.

Cuando una mujer embarazada consume bebidas alcohólicas, el feto queda expuesto a una serie de condiciones denominadas trastornos del espectro alcohólico fetal. Los pequeños que tienen la desgracia de nacer con estas condiciones pueden manifestar lento aprendizaje, retraso en el habla y el lenguaje o problemas de comportamiento.

Un trago por semana en el embarazo cambia el cerebro del feto
Izquierda: cerebro fetal tras una exposición intrauterina al alcohol en fetos entre 25 y 29 semanas de gestación. Es destacable la corteza lisa en los lóbulos frontoparietal y temporal. Derecha: cerebro de un caso de control sano correspondiente a un feto de entre 25 y 28 semanas de gestación. El surco temporal superior ya está formado bilateralmente (flechas rojas) y se muestra más profundo en el hemisferio derecho que en el izquierdo.

Según los investigadores, el desarrollo anormal del cerebro fetal puede surgir a causa de un retraso en la etapa de mielinización, proceso vital para el funcionamiento del cerebro donde se genera mielina, la estructura que protege a las células nerviosas.

De hecho, se sabe que una correcta mielinización está directamente relacionada con episodios importantes en el desarrollo del bebé: gatear, rodar sobre su cuerpo y procesar el lenguaje. Por si fuera poco, los investigadores también detectaron una reducción en la girificación (formación de los característicos pliegues ondulados que tiene la corteza cerebral). Y hasta donde se sabe, este proceso contribuye al rendimiento cognitivo.

Aunque todavía no está del todo claro cómo estos cambios estructurales afectan el desarrollo del cerebro después del parto, Kienast dice que las embarazadas deben abstenerse de consumir hasta la más mínima cantidad de alcohol. “Para determinar esto con precisión, debemos esperar a que los bebés, examinados como fetos durante el estudio, crezcan. Y solo entonces podremos hacerles la invitación para realizar estudios adicionales”, explica el investigador.

“Sin embargo, es posible asumir con certeza que los cambios observados contribuyen a las dificultades cognitivas y del comportamiento que pueden surgir durante la infancia”, termina.


Nota Cortesia de Doña Naturella



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